En este blog ofreceré algunas reflexiones sobre la supervisión de prisiones en Europa. Mi objetivo principal es invitarles a reflexionar de manera distinta sobre el «diálogo permanente» que constituye un elemento clave en el funcionamiento del Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT) – pero también constituye un elemento clave en el funcionamiento de otros organismos de  supervisión que adaptan una metodología similar, como el Subcomité para la Prevención de la Tortura al nivel de las Naciones Unidas o de organismos de  supervisión de prisiones nacionales o locales.

Los organismos de la supervisión independientes visitan centros de detención y generan una gran cantidad de informes con observaciones y recomendaciones, que constituyen la base de un diálogo, un diálogo permanente con autoridades estatales, que debería llevar a un mundo que respete la dignidad humana y donde no haya tortura.

Ahora la pregunta es: ¿El diálogo ha sido fructífero? La respuesta depende de qué se pretende lograr con el diálogo. ¿Cuándo el diálogo es fructífero? La respuesta más obvia es: resulta fructífero cuando ayuda a reducir las penas y los tratos inhumanos y degradantes, cuando ayuda a prevenir la tortura. En otras palabras: cuando tiene un impacto positivo en las políticas carcelarias. Claro, es su objetivo declarado, es el propósito por el que fue concebido.

Sin embargo, ¿quizás este diálogo también pueda ser fructífero por otras vías? ¿Quizás logre otras cosas, quizás desempeñe otras funciones? Yo sugeriré que el diálogo no solo debería considerarse como un elemento imprescindible de la metodología preventiva, que es un eje central de los organismos de la supervisión como el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura, sino que también representa una especie de “campo de batalla” donde se lucha por definir la realidad entre rejas en las prisiones europeas y cómo los estados la enfrentan. Y también: una especie de «escenario» para una obra de teatro más amplia donde la gestión de la percepción se convierte en una preocupación clave para estados que tienen que enfrentar y gestionar «identidades deterioradas».

El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura: una historia de éxito

El Convenio europeo contra la tortura remonta a 1987. La primera sesión del Comité Europeo para la Prevención de la Tortura se celebró en un momento importante de la historia de Europa, del 13 al 16 de noviembre de 1989, apenas unos días después de la caída del Muro de Berlín. Aquello fue un momento estelar y decisivo de nuestra historia.

Desde entonces, el comité europeo contra la tortura ha estado visitando países en toda Europa, a lo largo de tres décadas. Se ha realizado una impresionante cantidad de visitas y se han elaborado y publicado muchos informes. A fecha del 24 de junio 2021 se han efectuado 474 visitas y se han publicado 432 informes de visitas.

El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura adopta un enfoque preventivo que en el momento de su creación era muy singular: se trata de un organismo de la supervisión independiente que tiene acceso ilimitado a todos los centros de detención donde puede hacer observaciones, hablar con reclusos y trabajadores, … La cooperación es importante: las observaciones y las recomendaciones son compartidas con y comunicadas a las autoridades estatales de buena fe. Su finalidad consiste en ayudar a lograr el objetivo común de prevenir la tortura y los tratos y penas inhumanos o degradantes.

No cabe duda de que existen pruebas de sobra para que podamos hablar de una historia de éxito. A lo largo de las últimas 3 décadas, el CPT se ha convertido en un actor importante en la escena europea de los derechos humanos. Esto sucede de manera directa, a través del diálogo permanente con los estados miembro; y también de manera indirecta, a través del uso de sus conclusiones por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos; la consulta para la revisión de las reglas penitenciarias europeas (2006), la creación del comité contra la tortura de las Naciones Unidas, etcétera.

Hemos recorrido un largo camino, desde mediados de los 70, cuando Jean-Jacques Gautier expuso algunas ideas clave para este enfoque preventivo. Lo llamó un «arma nueva en la lucha contra la tortura». ¿Quién hubiera vaticinado que los estados permitirían que un grupo de visitantes internacionales, de otros países, visitase sus cárceles, sus calabozos policiales, etc.? Esto es un logro extraordinario.  Por lo tanto, no nos debería sorprender que el CPT sea considerado una «historia de éxito» y que haya servido de inspiración para muchos otros organismos de control en todo el mundo.

El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura: una historia de fracaso

Sin embargo, a pesar de 30 años de supervisión y la creación de un régimen completo de derechos humanos en Europa (que también incluye un Tribunal Europeo de Derechos Humanos y varios organismos especializados que elaboran recomendaciones sobre materias como las reglas penitenciarias europeas), muchos sistemas penitenciarios en toda Europa siguen presentando problemas, problemas graves. La lectura de informes del CPT elaborados en 2021 puede llegar a ser una experiencia no tan distinta de la lectura de informes del CPT de principios de los 90.

Si echo un vistazo a informes recientes sobre mi propio país, Belgica,observo que el hacinamiento carcelario sigue siendo un problema importante; siguen faltando personal médico y ayuda psiquiátrica; en muchos casos, las condiciones de detención no cumplen las normas, etc. (Daems, 2018; Daems y Robert, 2017).

Entonces, ¿cuál ha sido el impacto «real»?

Además, existen algunos indicios de que también el CPT parece tener dudas sobre si el «diálogo permanente» siempre ha sido tan fructífero.  En sus informes anuales y también en sus informes de visitas observa lo mismo: muchas veces se expresa una preocupación por el hecho de que algunas recomendaciones, que se han emitido repetidas veces, no hayan tenido seguimiento, no se estén aplicando (Daems, 2017; 2021).

Así que ¿cómo debemos interpretar estos mensajes contradictorios?, ¿el CPT es un «éxito» y un «fracaso» a la vez?

Para poder entender mejor este proceso, tal vez sea mejor ahondar en este «diálogo permanente». Como he sugerido al inicio de este blog: se trata de mucho más que un «juego emisor-receptor»; el diálogo no puede apenas entenderse como un mecanismo para «transferir» y «comunicar» observaciones y recomendaciones de Estrasburgo a Madrid o de Estrasburgo a Bruselas o de Estrasburgo a Bucarest, etc.

En concreto, cuando nos enfrentamos a esto tipo de mensajes contradictorios, éxito y fracaso, es importante mirar este diálogo con nuevos ojos.

Mirar el diálogo con nuevos ojos

Y esto nos lleva a preguntas eternas en la sociología y en la historia del castigo y del control: ¿por qué fracasan las reformas penales? ¿Qué significa fracaso? ¿Un fracaso también puede ser… exitoso?

Además: hablar siempre tiene consecuencias, resulta importante. David Garland y Peter Young (1983: 18) sugirieron en su momento que deberíamos hacer una distinción entre «….el campo operativo de las sanciones, instituciones y prácticas físicas y el campo público de las representaciones, significaciones y prácticas simbólicas». Es decir, si contemplamos el diálogo desde esta perspectiva, ¿entonces qué podemos decir sobre él?

Un primer enfoque es mirar este diálogo desde una perspectiva de negación. A partir de su experiencia en el movimiento de los derechos humanos, Stan Cohen llegó a la conclusión de que muchas veces las conclusiones y recomendaciones en materia de derechos humanos son ignoradas: la gente cierra los ojos, mira hacia otro lado, no reconoce la necesidad de actuar y no actúa. ¿Por qué esto es así? No es por falta de información sino más bien por las maneras en las que procesamos y enfrentamos esta información.

Los hechos se pueden negar (esto nunca ocurrió); se les puede dar otro significado (no es lo que parece); o se pueden negar las implicaciones de estos hechos (al fin y al cabo, no es tan grave). Le negación no es algo inocente: estos procesos tienen consecuencias importantes. Stan Cohen (1991) habló de «una lucha por definir la realidad» y «una política epistemológica» (cf. mi blog “Preventing torture and epistemological politics”).

Esto también es útil para el control de prisiones: muchas veces los hechos son sencillos y claros: resulta difícil negar que las personas se ven obligadas a dormir en el suelo o que se les encierra en instituciones con condiciones de hacinamiento y con ventilación deficiente. Pero esto no significa que los estados aceptan los hechos sin más y que dan un seguimiento inmediato a las recomendaciones. También aquí parece que muchas veces se lleva a cabo una lucha por definir la realidad.

Para comprender el diálogo permanente, y los problemas persistentes en los sistemas penales de Europa a pesar de décadas de control por parte del CPT, debemos entender que los estados pueden implementar estrategias parar comprar tiempo o desviar responsabilidades, impugnar observaciones o mantenerse de manera deliberada en la vaguedad, para repetir lo que el CPT ya sabe o para explicar de manera reiterada y sin ningún sentido determinados marcos legales, etc. Stan Cohen diría: los estados pueden adoptar posturas de negación literal, interpretativa e implicatoria.

La obra de Erving Goffman puede ser una segunda fuente de inspiración. Goffman es muy conocido por su libro Internados (1961), en el que introdujo la noción de «institución total», que tuvo una repercusión notable en la sociología penitenciaria.

Sin embargo, su enfoque sociológico más amplio también podría resultar útil para nosotros en la formulación de distintas preguntas sobre el CPT y otros organismos de control relacionados con este diálogo. Goffman estudió interacciones, a personas que se encontraban entre sí y entablaban conversaciones, a personas que enfrentaban situaciones incómodas o vergüenza y que se involucraban en «actividades de imagen».

Su sociología trata mucho de la gestión de la información sobre uno mismo: ¿qué información damos a conocer y qué ocultamos para los demás? En particular, ¿cómo lidiamos con información que nos desacredita o que es comprometedora para nosotros? Esto es un tema central en Estigma: ¿cómo enfrentamos identidades contaminadas y deterioradas?

De entrada, podría parecer que este tipo de preguntas quedan muy lejos de nuestro tema: al fin y al cabo, Goffman estaba interesado en las interacciones cara a cara. Era un observador de la vida diaria, las interacciones cotidianas entre humanos de carne y hueso. Esto parece muy alejado de las interacciones tediosas y formalistas entre los organismos de control internacionales y las burocracias estatales.

Ahora bien, las metáforas utilizadas por Goffman resultan útiles: su sugerencia (en sus obras dramáticas tempranas) de que el mundo social es como una «obra de teatro», un drama, una performance, también parece ser aplicable a cómo las interacciones se desarrollan en un escenario europeo: así como las personas en sus interacciones cotidianas, también los estados pueden llegar a elegir «máscaras» e intentar impresionar a sus espectadores; también las autoridades estatales pueden ocultar hechos comprometedores o intentar reformularlos para que la audiencia los vea de firma distinta; ¿qué está pasando detrás de todas estos discursos y gestos?

Hace unos años se publicó un papel que fue un primer intento de convertir el «diálogo permanente» entre el CPT y los estados europeos en un tema de nuestra propia investigación (Daems, 2017, 2020). A partir de un estudio de las interacciones entre el CPT y Bélgica pudimos identificar diez maneras distintas de contestar a las conclusiones y recomendaciones del CPT.

1. «Estamos plenamente de acuerdo y daremos seguimiento»: las conclusiones del CPT se reconocen y las autoridades estatales confirman que las recomendaciones serán aplicadas o que entretanto, los cambios necesarios han tenido lugar;

2. «Están equivocados»: las observaciones del CPT se cuestionan abiertamente y sus recomendaciones se critican sin rodeos;

3. «No es culpa nuestra»: no se cuestionan las conclusiones pero la culpa de la situación se atribuye a otras personas, entidades o fuerzas.

4. «En realidad, todo funciona perfectamente»: no se cuestionan las conclusiones del CPT pero se minimiza la gravedad del problema, tal como fue identificado por el CPT;

5. «No disputamos sus conclusiones, pero no haremos nada»: No se responde a las conclusiones y se reconoce que las recomendaciones del CPT tienen sentido y son factibles pero no se toman medidas;

6. «No disputamos  sus conclusiones, pero no podemos cambiar nada»: no se cuestionan las conclusiones ni las recomendaciones del CPT pero las autoridades estatales se ven obligadas a admitir que son incapaces de dar una respuesta favorable; parecen estar abrumadas por una sensación de impotencia que les lleva a la pasividad;

7. «Tenemos que investigarlo»: se le dice al CPT que sus conclusiones o recomendaciones requieren ser estudiadas con más detalle y que requieren una mayor reflexión de su parte;

8. Respuestas que plantean nuevas preguntas: esta respuesta carece de claridad o parece incompleta; por este motivo plantea nuevas preguntas;

9. Respuesta parcial: en este caso, parte de una solicitud de información permanece sin respuesta o las autoridades no la atienden en su totalidad;

10. No hay respuesta: las autoridades estatales no responden a una solicitud de información o una recomendación.

Las respuestas anteriores incluyen formas de reconocimiento (parcial) así como respuestas que podríamos llamar literales («la afirmación de que algo no ocurrió o no es cierto»), implicatorias (negación de las «implicaciones psicológicas o morales que pudieran derivarse de los hechos») o negación interpretativa («no se niegan los hechos brutos, pero se les da un significado distinto del que perciben los demás») (Cohen, 1995: 23-24; 2001).

Conclusión

Permítanme concluir con esta cita del libro Un recodo en el río de V.S. Naipaul:

«Los europeos querían oro y esclavos, al igual que todos los demás; pero al mismo tiempo, querían que se les erigieran estatuas para ellos mismos como personas que habían hecho cosas buenas por los esclavos. Al ser un pueblo de hombres inteligentes y enérgicos, que se hallaban en la cima de sus poderes, podían expresar ambas caras de su civilización; y consiguieron ambas cosas, los esclavos y las estatuas»

Stan Cohen (2005) retomó la frase en una de sus publicaciones sobre la tortura, cuando escribió sobre los escándalos de las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo.

La cita señala de una manera hermosa la ambivalencia que rige el corazón del enfoque europeo: expresamos de manera abierta nuestra repulsa por la tortura y los tratos o penas denigrantes y queremos que nos vean como personas civilizadas que cumplen con las normas más estrictas y sin embargo, al mismo tiempo, nos resulta difícil dejar de usar técnicas de interrogatorio y prácticas penales que claramente incumplen estas normas. Queremos que nos vean como la vanguardia del mundo – la idea de la Europa cosmopolita – pero parece que no somos capaces de deshacernos de nuestros lados más oscuros.

¿A qué se debe esto?

Bueno, esta pregunta debería estar al centro de la investigación penológica en Europa.

Este blog es una versión abreviada de una conferencia que di el 11 de diciembre de 2020 durante el seminario de clausura de la Red de Excelencia EmpiriC.

Referencias

Cohen, S. (1991). Talking About Torture in Israel. Tikkun, 6(6), 23-30, 89-90.

Cohen, S. (1995). Denial and Acknowledgement: The Impact of Information About Human Rights Violations. The Hebrew University of Jerusalem: Center for Human Rights.

Cohen, S. (2001). States of Denial. Knowing about Atrocities and Suffering. Cambridge: Polity.

Cohen, S. (2005). Post-moral torture: from Guantanamo to Abu Ghraib.  Index on Censorship, 34(1), 24-30.

Daems, T. (2017). Slaves and statues: Torture prevention in contemporary Europe. British Journal of Criminology, 57(3), 627-643. https://doi.org/10.1093/bjc/azv133

Daems, T. (2018). Belgische gevangenissen onder toezicht van het CPT. In: T. Daems, S. Parmentier (Eds.), Europa waakt: vrijheidsbeneming onder toezicht van het Europese antifoltercomité (pp. 77-111). Universitaire Pers Leuven. https://doi.org/10.2307/j.ctt21c4s8k.5

Daems, T. (2020). La sociología de la negación de Stanley Cohen y el estudio del castigo. Delito y Sociedad: Revista de Ciencias Sociales, 29(50), 1-21. https://doi.org/10.14409/dys.2020.50.e0015

Daems, T. (2021). Punishment and epistemological politics in Europe. In: T. Daems & S. Pleysier (Eds.), Criminology and Democratic Politics (pp. 121-140). Routledge https://doi.org/10.4324/9780367821906

Daems, T. & Robert, L. (2017). Europe in Belgian prisons: Assessing the impact of the Council of Europe Anti-Torture Committee and the European Court of Human Rights.  In T. Daems, & L. Robert (Eds.), Europe in Prisons: Assessing the Impact of European Institutions on National Prison Systems (pp. 291-312). Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-319-62250-7_7

Garland, D., & Young, P. (1983). Towards a Social Analysis of Penality. In D. Garland, & P. Young (Eds.), The Power to Punish (pp. 1-36). Heinemann.

Goffman, E. (1961). Asylums. Anchor Books.

Goffman, E. (1963). Stigma. Prentice-Hall.

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